Cada fin de año, en Mapplics hacemos algo que ya es parte de nuestra manera de trabajar: realizamos una encuesta de clima anónima.
No es un trámite ni un checklist más. Es una pausa consciente para mirar hacia adentro, entender cómo estamos y decidir, juntos, cómo seguimos.
Este ejercicio nos permite obtener indicadores como el eNPS, pero sobre todo nos ayuda a responder preguntas más profundas y necesarias:
¿cómo estamos como equipo?, ¿qué aspectos de nuestra cultura funcionan bien?, ¿qué cosas necesitan repensarse o mejorarse?
Medir el clima como práctica, no como formalidad
Durante mucho tiempo este proceso lo realizamos junto a una consultora externa. Hoy, desde que incorporamos Humand, lo gestionamos de manera interna.
Ese cambio no fue solo operativo: trajo consigo un aprendizaje clave.
La cultura no es una insignia ni una certificación que se cuelga en la pared.
Es una construcción viva y dinámica, que se transforma con las personas, los momentos y los contextos. Y como toda construcción viva, necesita observación, compromiso y conversación constante.
Medir el clima no es “medir personas”, es escuchar experiencias.
Compartir los resultados también es parte de la cultura
Este año decidimos, una vez más, compartir los resultados.
¿Por qué lo hacemos? Porque nos genera alegría y porque creemos que la transparencia también construye confianza.
El eNPS fue del 86%, lo que significa que las personas que forman parte de Mapplics nos recomiendan como un buen lugar para trabajar.
Es una sensación parecida a cuando volvés de un lugar al que te fuiste de vacaciones y querés que otros vayan: no porque sea perfecto, sino porque la experiencia fue buena y valió la pena.
Hay otro dato que nos llena especialmente de orgullo: participó el 100% del equipo.
Eso habla de una cultura co-creada, donde todas las voces importan y donde existe un espacio real para decir lo que se piensa y se siente. Para nosotros, ese nivel de participación tiene un valor enorme.
Mirar lo que falta también es avanzar
Por supuesto, no todo es celebración.
También aparecieron comentarios, observaciones y temas que nos invitan a frenar, reflexionar y poner foco. Y eso es una buena noticia.
Los resultados no son un veredicto. Son una cartografía de nuestra madurez cultural: un mapa que se dibuja entre todos, con lo que cada persona aporta, señala y siente.
Ahí están las oportunidades de mejora, los desafíos pendientes y las conversaciones que todavía tenemos que dar.
Cerrar el año escuchando
Cerrar el año con estos resultados significa, sobre todo, alegría.
Es una respuesta concreta a un año de mucho cuidado, mucha observación y decisiones importantes.
No todos los momentos son fáciles —ninguna empresa está exenta de eso—, pero formar parte de un equipo colaborativo, sostener un espacio de escucha real y terminar el año de esta manera es algo que nos deja una sensación muy positiva.
Seguiremos escuchando.
Porque construir cultura no es un evento anual: es un trabajo de todos los días.



